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JOSE ALFREDO JIMENEZ



 

JOSE ALFREDO JIMENEZ
1926 - 1973

LA OPINION DE MONSIVAIS

José Alfredo Jiménez, nos dice nuestro cronista mayor, fue ``el poeta de la desolación marginal'' y en esta queja se une a más del noventa por ciento de la población del país, a todos los que dicen: ``Yo sé bien que estoy afuera.'' Cada vez, por obra y gracia del neoliberalismo y sus tecnócratas, hay menos adentro y más afuera. Por esta circunstancia José Alfredo, autor insigne de poesía popular, corre el riesgo de que le falte el pueblo.

A treinta y cuatro años de su muerte, José Alfredo (inútil el apellido, usarlo denotaría falta de confianza) es para la vida popular, o para la vida de México para ser más exactos, una institución de instituciones.

No sólo no pasa de moda: también sus canciones se cargan de significados imprevistos, y la recepción de los comienzos (multiclasista) tiene poco en común con la valoración artística y social de hoy, también a cargo de todas las clases sociales. Paulatinamente, la dimensión oculta o minimizada de la obra de José Alfredo resulta la más favorecida, y el vocero de la lírica cantinera se vuelve el poeta de la desolación marginal. ``Yo sé bien que estoy afuera...'' Queda claro: José Alfredo ya se libró de ser estrictamente ``producto de una época'', así lo haga posible la industria del nacionalismo cultural, y así dependa de lo que una época dicta: la invención de un pueblo y de un estilo nacional. Pero José Alfredo trasciende su ámbito formativo y su ``mexicanidad'', aunque lo constituya, es, las más de las veces, elemento decorativo, y no es obstáculo ni para la fuerza de sus canciones ni para su éxito en el mundo de habla hispana. Y lo más probable es que la siguiente generación lo califique, y muy altamente, por otros motivos. Por lo pronto, no hay cómo ``envejecer'' a José Alfredo.

 
``Yo que tanto lloré
por tus besos''
 

José Alfredo nace en 1925 en Dolores Hidalgo, Guanajuato, su ``pueblo adorado'', y a los ocho años de edad la familia se traslada a la Ciudad de México. Es precoz (a los catorce años ya compone sus propias canciones), y carece de educación formal, por lo que siempre requerirá de músicos profesionales para el traslado de sus melodías al papel pautado (tiene la suerte de la inapreciable ayuda del compositor y arreglista Rubén Fuentes). José Alfredo es fértil, posee una extraordinaria memoria musical y sabe dar buen uso a su conocimiento de la cultura popular, esas melodías ``bonitas y sencillas'' a las que les rinde homenaje constante. Si algo, es una criatura de la tradición que, pese a su profunda originalidad, no cuestiona los valores fundamentales de su medio, y si compone es para alcanzar la inspiración, dialogar con las virtudes del hombre-que-de-veras-lo-es, y añadirse a la gran corriente del sentimiento nacional. Es popular de demasiadas maneras, y tal vez por eso a las preguntas sobre su proceso musical, responde invariablemente con vaguedades y lugares comunes. Pero sus limitaciones expresivas terminan al iniciar otra canción.

Otros datos: es jugador de futbol en el equipo Marte de la primera división. En 1948 canta por vez primera en la XEX y más tarde en la XEW, acompañado del trío Los Rebeldes, cuyo primer guitarrista es el dueño del restaurante La Sirena, donde José Alfredo trabaja de mesero.

En 1950, Andrés Huesca y sus Costeños graban ``Yo'' el éxito inicial de José Alfredo, con sus versos desafiantes.

 
Ando borracho, ando tomado,
porque el destino cambió mi suerte.
Ya tu cariño nada me importa,
Mi corazón te olvidó pa siempre.

Desde ``Yo'', el autor es el héroe que elige ser antihéroe, es el marginal en el centro de lo auténtico. Le da lo mismo el prestigio social, nunca se entera bien a bien del tamaño de su fama, y vive -como lo informan las atmósferas de sus canciones- en la mitología del sedentarismo y el vértigo: borracheras, destino implacable, adoración sin límites de la pérfida, autocompasión asumida con el placer del triunfo. (No es ``masoquismo'', es la gran creencia compensatoria de los marginales: uno es más verdadero en la derrota.) En esto José Alfredo no duda. En ``El hijo del pueblo'', una canción de principios de los cincuenta, proclama su ideario y su autobiografía:

 
Es mi orgullo haber nacido
en el barrio más humilde,
alejado del bullicio
de la falsa sociedad.
Yo no tuve la desgracia
de no ser hijo del pueblo.
Yo me cuento entre la gente
que no tiene falsedad.

José Alfredo hace suya la marginalidad de la nación entera. Cualquier otra actitud le resultaría insuficiente, sobre todo en una etapa normada por lo que descubre (inventa) el alborozo populista: ¡la pobreza es la cima de los valores morales! Al adoptar esta creencia, José Alfredo responde en todo a la ideología del espectáculo ``para las masas'':

 
Voy camino de la vida,
muy feliz con mi pobreza.
Como no tengo dinero
tengo mucho corazón.


Ser pobre, ser mexicano, ser desdichado (se omite el ser feo), ser de origen indígena. ¿Qué más se exige? El orgullo del abismo, eso se puede pedir:

 
Descendiente de Cuauhtémoc,
mexicano por fortuna,
desdichado en los amores,
soy borracho y trovador.
Pero cuántos millonarios
quisieran vivir mi vida,
y cantarle a la pobreza
sin sentir ningún dolor.


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