Asimismo,
tuvo que acudir a Holanda para una presentación
ante la reina Beatriz, ya que quería
festejar el cumpleaños número
80 a su esposo, el príncipe Bernard,
quien siempre se distinguió por disfrutar
la música mexicana. Conquistó
al público holandés y de un
golpe le vino un éxito rotundo por
aquella entidad. De este modo, María
de Lourdes obtuvo su “pase de entrada”
para volver anualmente a aquel lugar.
Su
última, más grande y más
exitosa gira terminó en octubre 1997.
Nueve teatros holandeses se llenaron con
tal de ver a la carismática “Embajadora
de la música mexicana”. Al
mismo tiempo se organizó en ese mes
un “tour” de promoción
por radio y televisión de su último
CD “Simplemente María”.
Contenta
con los logros del momento, entre ellos
los nuevos planes de la oficina de teatro
y la casa discográfica, el 6 de noviembre
de ese año se encontraba en el Aeropuerto
de Ámsterdam Schiphol para retornar
a México, pues el 19 de noviembre
inaugurarían una estatua de ella.
María de Lourdes sería la
primera artista mexicana honrada con una
estatua durante su vida. Lamentablemente
no pudo ser así, pues instantes previos
a tomar el avión perdió la
vida a causa de un paro cardiaco.
De
este modo, “La embajadora de la música
mexicana” dejó de existir cuando
contaba con 58 años de vida; la sorpresa
fue para todos, pero eso no fue motivo de
olvido, pues el 8 de noviembre su público
seguidor mexicano se congregó en
Plaza Garibaldi para despedirla bajo las
notas tristes de “Cruz de Olvido”.