Resulta
que el Sr. Se desvelaba y no siempre me
podía recibir y una vez que me corre
su señora: --Oye niño. ¿que
no consideras que mi esposo trabaja de noche
y tiene que dormir?-- pero ahí estaba
listo viendo la hora en que se paraba para
ir de nuevo. Pues ya al mes ya tocaba yo
dos escalas de arriba abajo de abajo a arriba
y ahí empecé. Se me ocurre
decirle a Don Luis: ya compre el pistón
¿cuando vengo a trabajar? me pregunta
--¿que estas haciendo?-- pues aprendiéndome
las escalas,-- apréndete unas dos
mas y ya te vienes.
Para
esto compras una blusa como ésta,--
y él me la enseñó,
-y un sombrero.-- El sombrero costó
5 pesos por la calle de tabaqueros detrás
de la suprema corte, un sombrero muy bonito,
pero se quedó mi madre sin dinero
y la blusa valía otros 5 pesos ahí
en la lagunilla. Y andábamos por
todos lados a pie, entonces mi madre a las
afueras de la lagunilla vio a una señora
que estaba con unos tercales ahí
en el suelo, ahí eran puros retazos
y mi madre agarra un retazo y dice sorprendida
¡esta es la tela de la blusa que acabamos
de ver!
Pregunta: --¿cuanto vale?-- 60 centavos,
y que lo compra. Y ¿que creen? que
se amanece mi madre cosiendo y la hizo igualita,
lo que son las mujeres de pueblo, se amaneció
mi madre y me hizo la dichosa chamarra preciosa
con un águila en la espalda, malechita
pero salió. Pues ahí voy,
yo ya escuchaba en ese tiempo la piedra,
y me la aprendí y me aprendí
otras pero en mi tono que yo sabia, bueno,
se me ocurre decirle a Don Luis que ya estaba,
pero que voy topándome con que eran
otros tonos los que usaban ellos, ¿y
ahora? Pero ahí voy al otro día,
porque yo les pregunte, ¿pues en
que tonos están tocando que no van
con los que yo se? y me decían y
lo apuntaba y llegaba de nuevo con el Sr.
de negro y le decía dígame
este que es el que necesito para el mariachi,
yo sentía que al Sr. Ya le daba el
cuarto conmigo, pero me enseñaba
la escala y ahí estoy necio en la
de re en la de mi en la de fa, pues tanta
escala que hay y yo nada mas había
aprendido tres.